Hacia un liderazgo virtuosoEspanja

Hinta
29,90 €



















Kirjailija: Alexandre Havard
Painovuosi: 2010
Kirjan tiedot:

  • Pehmeäkantinen


ISBN: 8-4984-0363-4

(Alla vierasta kieltä? Lue suomenkielisen teoksen kuvaus.)

Prólogo

“Hacia un liderazgo virtuoso” es un libro que trata de la virtud y que está lleno de virtudes. Una principal está en su amenidad, pues sabe poner el ejemplo adecuado en el momento justo, y además expresarse con excelente calidad literaria. Otra, el caudal de experiencia que transmite el autor sobre el tema que trata, enriquecida por su amplia formación académica, profesional y social. He conocido pocas personas que se manejen con tanta facilidad y saber en los más variados idiomas y ambientes nacionales.


También hay que señalar el excelente conocimiento de la ética que se refleja en las páginas de esta obra, y lo acertado de su articulación. Pero quizás lo mejor de todo es la síntesis de profundidad y amenidad, tan difícil de lograr. El resultado es una obra de fácil lectura y de gran enseñanza. Es decir, es práctica en el mejor sentido de la palabra.

La economía, el derecho y la política modernas han nacido de un pronunciado énfasis en la desconfianza. En la desconfianza sobre la capacidad humana de obrar bien. Según Adam Smith -principal teórico de la economía moderna-, la economía ha de basarse sobre el puro interés, un interés ni bueno ni malo, sino simplemente congénito, porque no puede hacerlo sobre una virtud prácticamente inexistente. Es notoria y bien conocida su inspiración jansenista y reformadora.

Según Nicolas Maquiavelo y Thomas Hobbes, la política ha de construirse sobre la idea del poder, así es que -según Hobbes, el principal teórico de la política moderna- es menester sobre todo buscar el modo de que tal poder no sea dañino.


El derecho moderno, por su parte, tiene una tendencia a basarse en la ley más que en la justicia, y, a su vez, a considerar la ley más como un instrumento para impedir el mal que como una indicación del bien.


Por tanto, bajo la apariencia de optimismo universal, la época moderna esconde un profundo pesimismo acerca de la naturaleza humana. La consecuencia es una honda separación entre lo público y lo privado. En lo privado, precisamente por la debilidad humana y por su presunta libertad absoluta, vale todo, con tal de no perjudicar a otros. En lo público, dado que no podemos apoyarnos en la virtud de los líderes -sean políticos, empresariales, etc.-, puesto que no es posible o es muy rara la virtud, todo ha de colocarse en las leyes y reglamentos y en la implacable imposición de su cumplimiento. El miedo al castigo se pretende que remedie la debilidad moral.


El problema está en que la esfera ética o moral -pues en el fondo son la misma, por más que hoy se acostumbre a distinguirlas- no puede desaparecer ni tiene sustituto posible. Dicho en otros términos: la solución a una sociedad -en política, derecho, economía- sin virtud no es más que la introducción de la virtud. Ciertamente, se trata de algo difícil y nunca asegurado. Caben siempre el decaimiento y la hipocresía. Con todo, no existe solución fuera de la ética.


El planteamiento moderno muestra cada día con más claridad su defecto. La falta de lucha interior -“contra sí mismo”- propia de la ética, deja paso necesariamente a una larvada lucha exterior -contra los otros-. El occidente en pleno vive buscando culpables, sospechando de casi todos, y echándole la culpa a los otros. Sin ética -y sin la religión que la apoya- la vida se hace inhumana. Bajo apariencia de humildad personal -“todos somos débiles”- y de humildad democrática -“no imponerse a nadie”-, se esconde la renuncia a luchar por ser mejores y a trabajar de verdad por el bien común. Y la consecuencia, tan visible hoy día, es la tristeza de fondo y la “desesperación encubierta” que empuja a vivir en el olvido de la realidad, en la mera superficie.


El autor de esta obra ha entendido muy bien que, en particular, sin la energía interior, la visión amplia y la constancia que da la virtud es imposible asumir liderazgo alguno. Y, a su vez, que toda persona que tiene la virtud es, de una forma u otra, un líder. Y lo es porque sólo una persona con ese carácter, como se le llama aquí, puede solucionar problemas, vencer dificultades, orientar en el camino. Sólo una persona así, que comprende el inmenso valor de los demás porque se ha dado cuenta de la grandeza del ser humano, es fiable.


El libro termina con consideraciones cristianas, inspiradas principalmente en San Josemaría Escrivá. En el punto 301 de Camino, la obra más difundida del “santo de lo ordinario” se lee: “Estas crisis mundiales son crisis de santos…”. O sea, de personas virtuosas. En esa sencillez se esconde, a mi modo de ver, la gran sabiduría y la valentía de “agarrar el toro por los cuernos”. No hay otro camino ni otra solución. La vía moderna no sirve. Las leyes y la coacción no sólo no sustituyen a la ética, sino que usadas sin ética son inhumanas. No hay más salida de las crisis que el ejercicio de la virtud.


Rafael Alvira, profesor de Filosofía en la Universidad de Navarra y Director del Instituto Empresa y Humanismo

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